Practicar este movimiento de forma constante puede generar cambios profundos tanto en el cuerpo como en la mente. Quienes lo incorporan a su rutina diaria durante largos periodos aseguran mejoras notables en la movilidad general: mayor apertura de caderas, mejor funcionamiento de tobillos y rodillas, alivio en la zona lumbar, una postura más erguida y una sensación de libertad al moverse. Incluso se asocian beneficios en la digestión y en la manera en que el cuerpo se siente en reposo y en movimiento.
¿Es posible lograr todo esto con un solo ejercicio? La experiencia de muchas personas sugiere que sí. Lo más interesante es que no es necesario esperar años para notar resultados: con alrededor de 50 días de práctica diaria de sentadillas pasivas con pausa, ya pueden percibirse cambios importantes en el cuerpo.
¿Qué ocurre al practicar sentadillas con pausa durante 100 días?
Este reto consiste en realizar sentadillas profundas todos los días durante poco más de tres meses. A continuación, se describe lo que normalmente se experimenta a lo largo del proceso.
El comienzo
El primer día suele sentirse como un “despertar” corporal. La posición puede resultar incómoda y poco natural, especialmente si no se ha practicado antes. Es común experimentar molestias en tobillos, rodillas, espalda o caderas. Esta reacción es normal: el cuerpo está retomando patrones de movimiento que se han ido perdiendo con el tiempo.
La incomodidad inicial, la sensación de debilidad o las ganas de abandonar forman parte del proceso. Para facilitar esta etapa, se recomienda:
- Elevar ligeramente los talones para mejorar la estabilidad.
- Apoyarse en una pared, poste u otro punto fijo que permita mantener la posición con mayor comodidad.
El objetivo del primer día no es la perfección, sino acumular tiempo en la posición a lo largo del día, aunque sean intervalos cortos de 30 segundos repetidos varias veces.
La primera semana
Durante los días dos y tres suele aparecer una fase de resistencia. El cuerpo se adapta lentamente y puede sentirse rígido o incómodo. Aun así, es importante continuar y tratar de sumar más tiempo total que el día anterior.
Una estrategia útil es aprovechar momentos cotidianos para realizar la sentadilla: mientras ves televisión, te cepillas los dientes o usas el teléfono. En lugar de sentarte por largos periodos, levantarte cada hora y mantener la posición durante uno o dos minutos puede marcar la diferencia.
Alrededor del séptimo día, muchas personas comienzan a notar mayor movilidad en tobillos, rodillas y caderas. La postura se vuelve más estable y la sentadilla empieza a sentirse menos forzada. Entre la primera y la segunda semana, se puede intentar acumular hasta 30 minutos diarios en total, distribuidos en varios momentos.
El primer mes
Cerca del día 30, el cuerpo suele adaptarse por completo. La posición deja de sentirse extraña y comienza a integrarse de forma natural en la rutina diaria. En este punto, muchas personas notan que su cuerpo “pide” volver a la sentadilla, ya que resulta cómoda y liberadora.
De los 50 a los 100 días
Entre el día 50 y el 100 es cuando los cambios tienden a consolidarse. La movilidad mejora de manera más estable y duradera, con una sensación de mayor libertad en tobillos, rodillas, caderas y zona lumbar. También pueden observarse mejoras en molestias recurrentes y en funciones como la digestión.
El objetivo final es que la sentadilla profunda se convierta en un hábito automático, algo que se haga sin pensarlo demasiado. A partir de ahí, es posible explorar otros ejercicios de movilidad con mayor facilidad y seguridad.
Un pequeño hábito con grandes beneficios
Incorporar este movimiento a la vida diaria es un ejemplo de cómo una acción sencilla, repetida con constancia, puede generar resultados significativos a largo plazo. No se trata de entrenamientos complejos, sino de recuperar movimientos básicos que el cuerpo necesita para funcionar mejor.









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